viernes, 22 de diciembre de 2017

Finde

Ante la inminencia del sábado, Ponzoñón hace un diagnóstico ¿benévolo? de los sueños y metas marcados por la juventud:

La aspiración actual 
que hoy tiene la juventud 
se parece a la actitud 
del cristiano universal,
que es cifrar su principal 
meta en el fin de semana,
el primero con la gana 
de la santa comunión,
y el segundo con el ron 
para ambientar la jarana.





jueves, 21 de diciembre de 2017

Ubicuidad temporal VIII

Y aquí acaba Ubicuidad temporal, en nuestros días:

ANTONIO PÉREZ TOLEDANO (1968-...)
(autor minimalista de poesía visual, táctil y olfativa)

Haiku a una lágrima

Rueda una lágrima
y en tus ojos... Lo siento:
me falta haiku.


miércoles, 20 de diciembre de 2017

Ubicuidad temporal VII

DÁMASO DIEGO (1899-1938)
(coautor junto a César Vallejo
del manifiesto hiperultraísta)

Sal.
     Tírate.
          Lagrimal.
     Dilo a la cara.
           Sal, gota de sal.
         Una alondra anida,
      empolla en las azoteas
  huevos que dicen: Se vende.
Seguí el rastro de una lágrima.
       A todo gas rocé los quitamiedos;
      aún más ciego apuré los quitapenas.
        Pero la dichosa crisis inmobiliaria
         afecta también a los cementerios.
          Caronte me ha sacado el corazón
  (quiero decir, el dedo corazón)
     y me dice: En mi barca no.
        La cosa tiene bemoles.
 Mejor caligramas,
        lágrimas.


martes, 19 de diciembre de 2017

Ubicuidad temporal VI

Romanticismo en estado puro. Todo por una lágrima:

NICOLÁS AYGUALS Y CARRASCO (1813-1841)
(se mató de un pistoletazo mientras se precipitaba al vacío
envenenado por arsénico)

¿Lloras? ¡Cruel! ¡Una lágrima!
¿Por quién, ¡ay, di!, la derramas
si ya sé que no me amas,
oh vil mujer sin virtud?
Mentiras, ¡ay!, son tus labios,
mentiras, ¡ay!, tus palabras
y los besos con que labras
la tapa de mi ataúd.

Tu corazón, ¡ay!, de víbora
sólo bombea ponzoña,
y tu piel sabe a carroña,
azufre en tus ojos hay.
¿Por qué en mi ilusión quimérica,
¡ay!, creí tanta falsía?
¿Qué hado, ¡ay!, me mandaría
tocar, ¡ay!, tu faz, ¡caray!?





lunes, 18 de diciembre de 2017

Ubicuidad temporal V

Sigue el relato de Ubicuidad temporal, esta vez en el Neoclasicismo:

TOMÁS FÉLIX DE IRINIEGO (1726-1788)
(ilustrado cuya obra está mayoritariamente en francés)

Fábula: La lágrima y el caracol

Un caracol arrastrado 
y una lágrima muy bella
tuvieron un altercado
sobre quién dejaba huella
más hermosa y más galana
en su líquida carrera.
Llamaron, pues, a una rana
a fin de que decidiera
quién merecía más nota
por el rastro que dejaba:
si por su surco la gota
o el caracol por su baba.
Tras un minucioso examen
sin saber cuál es de cuál,
así emitió su dictamen
el sabihondo animal:
«De esta huella es la victoria:
es más firme y brilla al sol».
Conque a pesar de su escoria
ganó la del caracol.





sábado, 16 de diciembre de 2017

Día festivo: Huellas de gorrión (2017), de Jesús Aparicio

Dijo Machado que la poesía era palabra en el tiempo. A pocos poetas puede aplicarse dicha definición con tanta justeza como a Jesús Aparicio, que en su libro Huellas de gorrión (Ars Poetica, 2017) reúne lo mejor de sus últimos quince años de labor poética. Cuando toda una obra se destila en el alambique de una antología, la esencia resultante refleja el par de obsesiones de toda una vida. El hombre que es Jesús Aparicio viene señalado por el estigma de la muerte y el paso del tiempo, que brotan de una estoica aceptación:

Una vida perdemos 
queriendo traducir esas señales
que nos han de llevar
—nunca engañados—
a la muerte.

De esa serenidad brotan definiciones tan certeras como contundentes de la existencia:

La vida es un paseo corto y accidentado
donde continuamente vamos perdiendo cosas
insignificantes, innecesarias,
como la vida misma.

A veces, la raíz del misterio invade la palabra de Aparicio y la empapa del onírico terror que estremece estos versos, que apelan a la raigambre barroca de nuestra concepción del paso del tiempo:

Como el humo de vela recién apagado,
como el rayo que no se entera del trueno,
como el que empieza un sueño y no despierta
así se fueron 
sus vidas.

Esta raíz ibérica de los poemas de Aparicio se hace ostensible en ciertas citas, como estos tres heptasílabos que reúnen a Manrique y Góngora:

Tan callando se van
mudando los cabellos
en gris, ceniza y nada.

Algunos poemas recrean (vuelven a crear) a Pessoa, a Lope, a Bécquer. Pero si hay una cita nuclear, es la que da título al primer libro antologado: Con distinta agua. El poder de la palabra se impone en la poesía de Aparicio al paso del tiempo y a la muerte. Su poder convocatorio ancla el fugitivo instante en el poema, que es eterno; pero a su vez, no se deja apresar, no se deja domar, como las mariposas que sirven de poema-proemio a la antología (No se dejan cazar las mariposas). Esa tarea de búsqueda y hallazgo se define en versos tan felices como estos:

El duende es caprichoso y nos exige
trabajar la mirada
para dar con la luz.

La impotencia para cazar las mariposas en cuyas alas vuela la expresión poética encuentra gráficas y novedosas formulaciones, como la que corona el poema Traspiés:

Cuando quiero y no puedo
me piso las palabras.

El poeta otorga a la palabra un poder redentor, salvífico:

Un tiempo a estrenar,
otra palabra, es posible.
No llueve, balbucea el agua sin ruido
desde esa raíz que espera
su nueva epifanía:
la de ser pájaro un instante.

Este optimismo se hace plenitud en la parte más gozosa de la antología, la integrada por los tres últimos títulos de Aparicio: La luz sobre el almendro (2012), La paciencia de Sísifo (2014) y Arqueología de un milagro (2017). La vida, la palabra permanecen más allá de la muerte, más allá del cambio. Es más, en el devenir reside la entraña de la eternidad, como expresa uno de los poemas más hermosos y significativos del libro, Un nido nunca muere:

Un nido nunca muere.
Se hace alma
con el alma del árbol
y lo arranca de sus límites
y despega buscando su otro sol
y lo conduce al agua primigenia
y cuando el tiempo da la vuelta…
ese pájaro que abre
por primera vez
sus ojos asombrados
acarrea en el pico la semilla
de lo que será 
un bosque.




viernes, 15 de diciembre de 2017

Ubicuidad temporal IV

Y del Renacimiento al Barroco:

DIEGO ULLOA DE BALBOA (1585-1630)
(poeta barroco enemigo acérrimo de Lope)

A una lágrima
SONETO

Lágrima leve que rodando acata
el suave imperio azul de la pupila,
pareces, por la luz que en ti titila,
si no diamante azul, zafir de plata.
La esencia frágil de tu ser retrata
el barro que la muerte nos alquila,
pues un soplo de viento te aniquila
y un pico de retal te desbarata.
Lodo serás cuando la larva inmunda
se hastíe de tu nieve copo a copo
y ponga huevos en tu piel fecunda.
Serás mugre y detritus. ¡Y ay del topo
que tope con tu podre nauseabunda!
¿Qué, Isabel? ¿Te ha gustado mi piropo?


jueves, 14 de diciembre de 2017

Ubicuidad temporal III

Del Medievo tardío pasamos al equilibrado y bucólico Renacimiento:

ALONSO RUIZ DE LOAYSA (1529-1571)
(poeta renacentista muerto en Lepanto asistido por su íntimo 
Miguel de Cervantes justo antes de que lo dejaran manco)

Fragmento de la Égloga del Turia

Hoy vence mi pastora al ancho Turia,
hoy vence al blanco aljófar de la aurora,
hoy a las perlas de Sumatra injuria
con una sola lágrima que llora.
¿Qué pena sufre? ¿Qué celosa furia
exprime el corazón de mi pastora
para que su llorar venza al rocío,
venza al índico mar y venza a un río?
Al rocío lo vence por temprano,
pues Filis duerme más que una marmota;
al Turia, porque el pobre en el verano
no lleva ni por lástima una gota;
y vence al mar de Ormuz y al oceano
porque el autor debe de ser idiota
y cree que el goterón que un ojo fragua
vence a un trillón de kilolitros de agua.



miércoles, 13 de diciembre de 2017

Ubicuidad temporal II

Segunda parte de Ubicuidad temporal. Homenaje a la retórica de los Cancioneros:

GARCI HERNÁNDEZ DEL MADRÓN (1475-1521)
(caballero tránsfuga de la Corte de Juana la Beltraneja)

Coplas de arte real a una lágrima

Llorar vos y yo morir
fue todo una misma cosa,
que hasta en eso he de servir.

Tengo por gloria el tormento
de sufrir vuestro desdén
en pro del merecimiento
que me otorga el escarmiento
de querer quereros bien.
Si os ofende mi vivir,
dejad, aplacad el llanto,
que a las puertas del morir
soy capaz de amaros tanto
que hasta en eso he de servir.

Viendo mi lloroso duelo
y vuestro corto llorar,
he llegado a sospechar
que a más mierda en el pañuelo
más firmeza en el amar.
Y pues hecha a ser cruel,
no tenéis en qué plañir,
si queréis este papel,
os podéis sonar con él,
que hasta en eso he de servir.



martes, 12 de diciembre de 2017

Ubicuidad temporal I

Aquí empieza un extraño relato titulado Ubicuidad temporal, que es, ante todo, un jocoso homenaje a la poesía española, creada en comandita por todos los alacranes de mi terrario. Tiene una introducción y siete partes:

Me llamo Ray Poncel, miembro de un grupo
secreto de científicos talentos
que allá en el año ochenta y siete supo
gestar el más genial de los inventos.
Lo bautizamos la cronomotora,
y transportaba la materia innata
a otro siglo, a otro año y a otra hora:
la máquina del tiempo, hablando en plata.
Isabel Llamas se ofreció de grado
para probar la máquina del tiempo,
pero al hacer el temporal traslado
tuvimos un ligero contratiempo.
La máquina sufrió un colapso extraño,
y ante el terror de los allí presentes,
en la pantalla que mostraba el año
bailaron siete fechas diferentes.
No obstante, al punto vuelve Llamas sana
y cuenta al aliviado gabinete
que acaba de vivir una semana
del año mil quinientos diecisiete.
Rodaba un lagrimón por su mejilla,
pues había querido con quebranto
a un vate cortesano de Castilla
que había escrito versos a aquel llanto.
Pero es que los registros instantáneos
del trasto hacían a Isabel presente
en ¡siete!, siete puntos simultáneos
entre los siglos XVI y el XX.
O sea, que su cuerpo en dicho trance
llegó a septuplicarse estando quieta,
y en cada sitio cosechó un romance,
en cada siglo enamoró a un poeta.
Cada uno escribió una poesía
a aquella lágrima de siete filos.
He aquí la más extraña antología
reunida sobre un tema y siete estilos.




lunes, 11 de diciembre de 2017

Se va acabando

Me encanta escribir, me fascina escribir, me mantiene vivo escribir. Poesía, teatro, novela… lo que sea, aunque mi aliento, mi oro, mi edén sea la poesía. Cuando escribo un poemario o redacto una novela, disfruto. Pero hay un momento en que la novela, de tan madura y casi acabada, empieza ya a incomodar, a quemar en las manos, y uno desea respirar el aire nuevo de un proyecto distinto: un nuevo relato, escribir poesía, tantear teatro. 

Comencé mi Almanaque de alacranes hace tres años, y desde él he propinado casi un millar de picotazos a los lectores que lealmente os habéis enganchado al veneno de escorpión. Mi Almanaque está a punto de caer del árbol: llegó a sazón hace tiempo y ya no hay rama que lo sostenga. Debo dejarlo caer en tierra y que ande su camino como obra completa y cabal. Ningún escritor soportaría la idea de una novela infinita; y si lo hay, no soy de su grupo.

Así que empiezo la gozosa y triste cuenta atrás, que acabará en veintiún días con la cifra de Scherezade. Filosón melancoliza:

Las plantas quieren moverse,
los peces quieren andar,
los cuadrúpedos erguirse
y el ser humano volar.